Voy a hablarles de lo que una broma implica en clase. “Algo banal” pensarán ustedes, pero no se preocupen. Tratare de hacer de un tema tan aburrido como este un estudio teórico racional nada práctico, para no desentonar con la mayoría de cosas que nos enseñan en la universidad.
Pero antes de introducirnos en materia debemos aclarar el contexto en el que el acto de hacer una broma acerca de lo que esta hablando el profesor acontece, por decirlo de algún modo, “el cuadro del marco que estamos viendo”.
Mucha gente va a clase por obligación, o eso parece. A casi nadie de los que se sienta en esas sillas les interesa lo más mínimo lo que, en ocasiones el subnormal, y en otras, la persona que tenemos delante, esta contando. El profesor puede tratar de hacer participar a los alumnos de diferentes maneras, algunas mejores y otras peores.
Pero no debemos olvidar la primera premisa, la mayoría de la gente esta más atenta a aprobar que a aprender. Entonces, se dirán, ¿por qué van a la universidad esta gente?
Lo cual tiene una respuesta muy sencilla, porque la sociedad nos obliga, nuestros padres nos obligan y nuestros amigos “hacen lo mismo”.
De todas formas esta no es una ciencia exacta. Hay asignaturas que interesan más que otras. También depende de las personas, todos somos diferentes y como dice un amigo mío “tiene que haber de todo”.
Por lo tanto, el contexto, el marco, el encuadre ante el que se sitúa el profesor a la hora de dar clase no es nada halagüeño. La prueba de ello es que cuando un profesor hace participar a la gente la primera reacción de esta es huir de sus clases todo lo que pueden. No les gusta participar por muchas razones. No les interesa lo que se esta diciendo, de ahí que tampoco presten atención, a los diecinueve años casi todos y todas tienen la cabeza en otras cosas más importantes. Tampoco les agrada hablar en público, estan “cortados”, y no tienen confianza en si mismos. Cosa que algunos tampoco se ven capaces de solucionar, o por lo menos de echar una mano.
Suelo sentarme en la parte trasera de la clase, gracias a ello puedo apreciar actitudes de las que estoy hablando. Gente dibujando, en ocasiones yo también pierdo el tiempo de esta manera pese a ser un pésimo dibujante, parejas hablando, personas jugando con lo que tienen más a mano, otros enviando mensajes por debajo de la mesa..., para que seguir ¿no?
Una vez analizado el contexto en el que suceden las clases, entraremos en el tema central de esta obra: El profesor en cuestión. Él, mejor dicho que nunca, parece puesto allí por el ayuntamiento o por el órgano al que corresponda, el cual habría que revisarlo (no esta de más decirlo).
Viene y da su clase. A algunos no les importa que la gente no atienda, a otros les horroriza que la gente hable, y cree encima que “faltan al respeto a sus compañeros” (frase más repetida en un aula de toda la historia) Como si yo tuviese un respeto al que la gente pudiese atacar.
Pero considerando que los profesores, al igual que los alumnos, pueden ser muy diferentes y que el único punto en común entre los mismos que los une como colectivo es su dedicación de la jornada laboral a la docencia, sería muy difícil analizar cualquier situación que se pudiese dar en una clase en la que interactuasen profesor y alumnos.
Pero centrémonos en el acto en si. Hemos representado ya a ambas partes, la del docente y la del aprendiz, ahora veamos que conclusiones podemos sacar cuando el segundo bromea (sin faltar al respeto) a las enseñanzas del segundo.
La primera conclusión lógica y razonable a este acto es: “Tio, por lo menos alguien te esta haciendo caso” Pero vayamos más haya. Una broma acerca de un comentario no sólo implica atención, también comprensión. Y no una forma de entendimiento líneal, sino abstracta, dinámica, “juguetona” si se quiere (y viene al caso)
No responde al concepto que muchos tienen de aprendizaje, pero quizás ese concepto haya quedado obsoleto con el tiempo como lo hizo el permiso del profesor a usar medios físicos para grabar los conocimientos en la sesera de los chicos y chicas. Ahora la cosa ha evolucionado, y la violencia se ha vuelto en contra de quienes antes la ejercían. Como bien he dicho, entre los quince y los veinte años es muy difícil tener la cabeza en su sitio. Tampoco trato de aprobar estos actos, ni de quitarles su maldad e ignorancia, es estúpida la violencia en todas sus formas.
Pero ¿y la broma? La broma sana. Esa que tantas alegrías nos da hacer y oír. A mi me gusta bromear, con todo, debo añadir, e igual me paso en más de una ocasión, pero por reir creo que vale la pena.
El otro día echaron a un compañero mío, es mi compañero de clase por mucho que lo repudie, por responder a una pregunta del profesor. No sé si con una broma, por que resulta difícil de interpretar.
El profesor pregunto: “Este ¿es un encuadre total o parcial?”
Y mi compañero respondió: “Es totalmente parcial”
El encuadre era parcial, por lo que interpreto la respuesta era correcta. Pero como a alguno le hizo gracia la forma de responder el profesor, muy amablemente y sin alterarse en absoluto, le echó de clase. No sólo eso. Giró la cámara para grabarlo lo que el alumno tardaba en abandonar el aula. Tiene la manía de grabarnos en clase, ya saben, para luego poder tocarse en su casa viendo carne fresca.
No pido a quien no tiene humor, y en algunos casos originalidad, que lo tenga, pero que no castre a quien si la tiene y no desmerezca de un comentario que la persona en cuestión no hubiese realizado porque ese comentario, tal vez no sea el summun del conocimiento al que algunos pretenden llegar, o que lleguemos, a veces esto no me queda claro. Pero si que representa una forma de atención superior a la memoria, porque puedo asegurarles que si en el examen le hacen la misma pregunta, quien contesto de forma correcta haciendo que el resto de las personas que le rodeaban sonriesen, no olvidará lo que aprendió en esa clase.
Pero no se preocupen los subnormales que, ni tienen ni dejan tener sentido del humor, porque suyo será el reino de los estúpidos.
“Dichoso el que descubre a tiempo que sus deseos no son acordes a sus necesidades...”