Big Brother
Para quien no lo sepa, unos de nuestros profesores, el de persuasión publicitaria, nos graba en clase. No se asusten. No nos obliga a desnudarnos ,ni siquiera parece insinuarlo, excepto el otro día que note algo raro..., pero tampoco se lo tomen a la ligera, puesto que no ha considerado necesario nuestra aprobación para hacerlo.
Supongo que, los pocos días que he ido a su clase y ha coincidido la cámara enfocado hacia la zona en la que suelo aposentar mis ilustres nalgas, la reproducción y su consiguiente visualización posterior debe presentarme como el típico niño hiperactivo que no ceja en su afán por llamar un poco la atención de sus compañeros volviéndose repetidas veces hacia ellos en busca de una risa general a costa, ora de lo que dice el profesor, ora de algún compañero, que, a veces llega, y otras no.
En fin, esos son los efectos de haber sufrido maltratos de pequeño. Me sentía tan importante, todo el día ahí, pegándote, que mi etapa universitaria ha supuesto una interrupción tan brusca que necesito encontrar un conducto secundario con el que saciar mi sed, en sentido metafórico, por supuesto. Y porque no me conocieron en el instituto, con 14 años parecía colocado todo el día.
En fin, vamos a lo que vamos, que siempre termino hablando de mi por lo que ya les he explicado.
El sujeto en cuestión atribuye un fin “didáctico” a las cintas que graba. Para los que como yo, no comprendan en toda su magnitud la palabra, les explicaré, bueno no yo, el señor Vox, que ya esta un poco viejo, pero la experiencia es un grado, lo que más o menos viene a ser la palabrita: “Relativo a la enseñanza” o “Propio para enseñar o instruir”. Si indagamos aun más, que si vamos a ser periodistas es lo que debiéramos hacer, “enseñanza” porque este es un término históricamente abstracto, pregúntenle a los curas, la enseñanza superior, que es donde estamos encuadrados los miserables universitarios, es “lo que comprende los estudios especiales de cada profesión.”
Por lo tanto, por inducción, o por deducción, no sé, en fin siempre me lío con las dos, la cámara no tiene nada que ver en nuestro proceso de aprendizaje, ya que no nos aporta nada.
Insinuar que las cintas que de ahí se sacan son material de estudio sería algo así como venir a la universidad a hacer de conejillos de indias, lo cual dudo que sea siquiera legal. Personalmente no me quejo, peores eran los experimentos que hacían mis padres: “Maria, dale ahora con la sartén que la zapatilla no ha servido para que calle el crío”, pero por otro lado hacerlo sin nuestro consentimiento vulnera un no sé que, que qué sé yo...
No es sano imponer algo así a una clase. En primer lugar porque son comportamientos propios de fascistas: Esto es así porque lo digo yo y vuestra opinión me da igual. Gran ejemplo señor profesor, parece que su carrera hacia la gloria no va a parar jamás. En poco tiempo habrá una vacante en Cuba, ¿porque no se va allí? El clima debe ser fabulendo (fabuloso y estupendo).
Luego criticamos la sociedad, porque no nos queda otro remedio. Pero, si parte de la educación la depositamos en manos tan mediocres, por muchos buenos profesores que haya, no podrán compensar nunca tanta tontería.
El “estudioso de la publicidad” como a él mismo le gusta calificarse, yo con mis amigos me entiendo perfectamente cuando digo “el mongolo ese”, puede grabar en clase al alumnado sin preguntarnos si nos molesta, y yo que trabajo de 7 de la mañana a 1 del mediodía para luego ir a clase, no puedo tomarme un café porque “no dejo beber en mis clases”. Ni yo que me filmen...
Por otro lado yo tengo que creerle pero, en el fondo, ¿qué demonios sé yo lo que hace con las cintas? ¿Y si es un pervertido? ¿si las vende a pervertidos? ¿Si las usa con fines comerciales? Sé que puedo estar exagerando, pero “fines didácticos” y me tengo que fiar de una persona que no me tiene en cuenta para nada. Se me antoja un ejercicio de fe demasiado voluminoso para mi edad.
En fin, lo que trato de decir, es que dejando a sujetos de este tipo enseñar, ejercer poder (porque el poder no se tiene, se ejerce), lo único que se logra es fomentar esa imagen de universidad en la que la gente no va a aprender, sino a aprobar.
Además, y por descontando, tenemos ante nosotros el típico ejemplo de hombre que de tanto estudiar y analizar, se ha vuelto tan “listo” que lo que tengamos que decir los demás ha dejado de ser a sus entendederas importante.
“Quod natura non dat, Salmantica non praestat”


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